jueves, 9 de febrero de 2017

La mirada del espectador

Rescate del apunte de Ubersfeld

La mirada del espectador


¿Qué es una imagen en teatro? Una combinatoria de signos visuales sostenidos (o no), signos acústico-verbales. Los otros trazos distintivos de esta imagen son su fugacidad. No es un doble, ni una réplica según la terminología de Umberto Eco: lo que se ve no es "el retrato" de un hombre, es "un hombre".

La imagen en el teatro es una construcción. Y el trabajo sobre la imagen en el teatro es un trabajo sobre la interpretación, o más exactamente sobre la recepción de la representación.
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El trabajo del espectador es necesario: le toca a él construir el objeto a ver. Es una construcción individual: lo que ve y lo que construye no es lo que ve y construye cualquier otro espectador.
También lo individual está programado: el lugar diferente de cada espectador lo obliga a construir objetos diferentes
Esta presencia de lo individual en la recepción -en la creación- de la imagen es un elemento decisivo del funcionamiento teatral, y particularmente de la virtud intelectual del teatro. El espectador recibe una cierta cantidad de señales: a él le corresponde elegirlas, clasificarlas, hacer un conjunto que le convenga, que sea su propia creación. En ninguna forma de arte, la parte creativa, intelectual y sensorial del receptor es tan grande. De aquí lo irreemplazable del teatro y sus virtudes estéticas

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El espectador de teatro no puede, salvo excepción, procesar de golpe y en una sola mirada lo que se le propone. El trabajo de la vista en la representación teatral es particular en la medida que está condicionado por la urgencia, el ojo trabaja con y en contra del tiempo, sin esperanza de poder volver.
Pero lo que por un lado es una dificultad, es al mismo tiempo condición de la libertad de ver.

La imagen es programada por el director. Texto, gestos, signos, acontecimientos, conducen al ojo.
La percepción teatral requiere del espectador una actividad creativa. El espectador fabrica a cada momento su propio texto marginal.
Todo en el teatro está hecho para la mirada del espectador, todo está hecho para el espectador. Nada existe sin su presencia (para la representación) o para el pensamiento de esta presencia  (la preparación).
Todo está hecho, no para instruir al espectador, sino para estimular su placer
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El espectador no puede ver ni escuchar todo lo que se le ha preparado. Necesariamente tiene que elegir. ¿Cómo se hace  esta elección?
El espectador puede asimilar aquello que corresponde a su "horizonte de atención”. Lo que está afuera no lo percibe. El espectador ve los elementos de la representación según el mundo que él conoce ( "universo enciclopédico", como dice Eco).
El espectador está desde un principio, en el pensamiento del escritor, aún antes que éste haya escrito una sola línea. No se concibe que no imagine a su futuro espectador, en sus dos aspectos diferentes:
A) su "universo enciclopédico", lo que él sabe, lo que le gusta, lo que desea, sus hábitos, tanto para satisfacerlo como para contrariarle.
B) la forma de representación y el lugar del espectador, según la naturaleza de la representación
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Al comienzo el espectador recibe una cantidad de información, una pluralidad de mensajes de naturaleza compleja, compuestos de signos cuya sustancia expresiva es diferente, palabras, gestos, luces, sonidos, música, signos que no están aislados pero sí organizados y trabajados los unos en relación con los otros.

Sigue una historia que se le cuenta. El arte del narrador está presente en toda manifestación escénica.
El espectador cumple a la vez un ejercicio, memorizar los diversos episodios del relato, incluyendo los detalles aclaratorios que pueden resultarle poco importantes en un primer momento. Al mismo tiempo se deja llevar por un ejercicio intelectual esforzándose por comprender los episodios de la historia que se le  cuenta.
Ante todo observa el conjunto, luego los detalles. Es un ejercicio refinado de percepción simultánea de los signos, en esencia, de expresión diferente. Sigue las modificaciones de los cambios escénicos, buscándoles una significación.
Mira, escucha personajes que hablan; a cada instante, construye una relación entre lo que dicen / hacen los actores; pero al mismo tiempo construye / modifica la relación entre esos signos (parlantes / escénicos) y la construcción que hacen  /modifican, los personajes que presentan los actores.
Reenvía sin parar (consciente e inconscientemente) desde lo percibe a lo que conoce, a su "enciclopedia" personal, es decir que recibió de su cultura, pero también de su experiencia individual (de donde se deduce que nada de lo que recibe un espectador en el curso de una representación es idéntico a lo que recibe su vecino).                                                      
Se comprende la necesidad del trabajo del director, preparando por medio del juego de signos, y el del espectador, para ver la relación ( diferencias / semejanzas) entre lo que fue el trabajo del escritor y la existencia de conocimientos y preocupaciones de los espectadores

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La primera percepción que el espectador tiene del espectáculo, es una visión del conjunto de la escena. Percibe el conjunto, provisto o no de sujetos humanos que son los actores.
Hay dos posibilidades bien claras:
A) Un espacio codificado, construido, una escenografía donde todo se podrá leer como en un cuadro
B) Un espacio u otros espacios por naturaleza vagos, construidos en espera de la presencia humana para cargarse de sentido.

El primer trabajo del espectador es tomar conciencia del conjunto del cuadro, como un dato, análogo a una pintura que la mirada tiene como misión explorar para recorrerlo en todos los sentidos antes de reconstruirlo en función de sus datos principales. La primera lectura es por lo tanto pictórica pero orientada por la atención del actor.
 El espacio es el de una fábula, el de una historia por contar. Al comienzo es un inventario de elementos neutros que solo tendrán sentido a partir de la acción.
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Todo en lo visual de un espectáculo, se percibe en función de un después que es anunciado y un  antes que es recordado. La visión de un cuadro escénico es siempre recuerdo o premonición, actos psíquicos del espectador.
Cuanto más se aleja la escenografía de las referencias codificadas, el trabajo del espectador reconstruye más lo que ve en función de su propio universo: es rico y apasionante
La construcción de la imagen está en función del lugar psíquico del espectador.
Más aleatoria es la determinación de un centro del cuadro (o múltiples centros). El elemento que orientará al centro de la escena, alrededor de lo que todo se compone, ya sea porque queda inmóvil, o por el contrario, porque se desplaza sin cesar.

La tendencia "moderna" va a la deconstrucción del cuadro, a la imposibilidad de ver, por lo que habría más razones para construir un cuadro organizado
Por ende, en la lectura del cuadro escénico, el espectador está lejos de ser pasivo. Compara, elige, recompone, su rol principal en la percepción del espectáculo, es la focalización. Se sabe que su atención está permanentemente centrada o vuelta a centrar en elementos aislados, o sobre un conjunto de elementos alrededor de los cuales se hace una especie de encuadre espontáneo. La percepción funciona como un haz más o menos amplio, hasta que se concentra en un rostro, una mímica, una boca.
A menudo la localización está programada por el director, quien lleva de la mano al espectador, y la sorpresa se hace imagen. Pero las cosas no son simples: es en la etapa de la localización cuando la elección del espectador es más libre. El director se esfuerza en vano para guiar la mirada por medio de un agrupamiento preferencial de personajes, por un movimiento, un juego de luces, nada le impide al espectador elegir otra parte del espectáculo

Tampoco es imposible para el director "desfocalizar" la atención manipulando la mirada, “distrayendo” (Un ruido, una luz, un movimiento violento) voluntariamente al espectador.
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El espectador puede construir un cuadro alrededor de un actor al que le interesa seguirle el juego: entonces fabrica una serie de mini cuadros o de mini secuencias centradas alrededor de un actor-personaje.
La construcción del cuadro o de la mini secuencia se hace en general según un principio de economía: se encuadra lo indispensable: los interlocutores principales, o la acción principal, o el personaje que habla, o el que escucha cuando este acto de escuchar es dramático.

El espectador se permite elegir un detalle: el movimiento de mano de un actor, una postura, la súbita. Lo que puede hacer la mirada del espectador es justamente ese zoom, que su deseo establece;  la fuerza - percepción del detalle fuertemente individualizado - que se convertirá en centro de un cuadro. El detalle orientará la visión del conjunto. Visión fugaz y es justamente este carácter fugaz uno de los rasgos característicos de la contemplación teatral.
Por lo tanto la mirada no es estática; sin cesar se mueve, modificando la visión. Pero lo más determinante en este recorrido de la mirada, lo más personal también, es la exploración del espacio escénico y sobre todo este movimiento de ir y venir entre dos partes del escenario total, o entre dos mini cuadros, establece un permanente intercambio.
            La riqueza de la puesta en escena tiende a la riqueza de inversión de la mirada. El espectador es convocado a fabricar para su propio placer.
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Este trabajo de la mirada implica una retórica o mejor dicho una poética. Entre dos imágenes construidas, entre dos grupos de signos que la vista ha fragmentado y rearmado, se establece en principio una metáfora.
Una metáfora visual poderosa. La metáfora que fabrica la mirada, aporta y contribuye al sentido.
Es por esta vuelta indirecta que la mirada poética puede convertirse en la mirada filosófica.
Las luces son el lazo de unión de una cantidad de señales visuales. La luz no cambia solo la iluminación del cuadro, sino también  su sentido
Por cierto, el espectador de teatro hace con las imágenes que recibe su propio texto poético, en relación con la otra parte de la recepción teatral, la escucha de lo verbal

Obstáculos para la buena recepción de la imagen teatral:

-Pobreza de signos escénicos.

-Carácter excesivamente codificado, banalidad en el sistema de signos.

-Exceso de información, multiplicación excesiva de signos, personajes, vestuario, objetos; a veces exceso en el esteticismo.

-Carácter excesivamente opaco de algunos signos que bloquean la construcción de imágenes emocionalmente satisfactorias.

-Todo signo que se parece a un ruido en la comunicación: un figurante inútil, un objeto puramente decorativo fuerza al espectador a tratar de eliminarlos.

-Información redundante.



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