lunes, 20 de julio de 2009

Escenografía, un orden en el espacio de juego


Algunas reflexiones sobre el hacer del escenográfo.

Un espacio vacío contiene todo espacio posible.
Un escenario, espacio teatral, nunca esta vacío. En él se encuentran potencialmente mundos infinitos, múltiples geografías y todo ámbito imaginable.
Tabernas, campos de batalla, casas burguesas, playas, salones de palacio, salas de tortura, desiertos, bosques, estaciones de tren, islas, castillos feudales, etc.
¿Cuál es entonces la tarea del escenógrafo? ¿Cuál su función?
Poner orden. Mas que conquistarlo y ocuparlo, “llenándolo”, deberá vaciarlo hasta encontrar aquello que el montaje teatral en el que esta embarcado, requiere.
Descubrirlo, Develarlo. “Roer el hueso”.
No es fácil por cierto.
Esa grafía trazada en el diseño buscará y se ocupara de quitar aquello que resulte superfluo.
Solo permanecerá, se mantendrá en pie, lo que va a funcionar como “único-necesario”.
La hoja no esta en blanco, la caja teatral no esta vacía.
El escenógrafo se confrontará con la pregunta y la incertidumbre de que es lo que deberá “sacar del medio” y estar atento a esto, hasta encontrar ese sitio orgánico donde los personajes luego transitarán. Encargado de esa organización pondrá orden.
Dejar lo mínimo (no entendiendo por esto, dejar poco), si no aquello indispensable que estará en función a una propuesta integral, donde muchas son las voces que intervienen.
Poner en escena es una actividad coral.
El teatro es una disciplina de convivencia. Una práctica social colectiva.
Son muchos los que aun entienden por escenografía, al arte de embellecer el escenario. Decorarlo.
Una escenografia no puede ser “bella”. No es esa su función, ser pictórica.
En todo caso, podrá ser atractiva si logra mimetizarse con el todo, no sobresaliendo como una obra autónoma.
Propondrá una estética, determinada morfología y funcionamiento para que luego el director dinamice. Esta surgirá no solo del texto (si es que lo hay), ni de la propuesta de dirección y producción, sino también de la realidad y el estilo arquitectónico de la sala y de las posibilidades técnicas que esta ofrezca.
El trabajo del escenógrafo es un trabajo autoral, sin duda. Esta allí, signando una dirección a seguir. Abriendo un camino posible.
“No había nada de escenografía”. ¿Cuantas veces hemos oído esta frase a la salida de una función?
¿Nada?
Solo la arquitectura que lo contiene ya es “algo”. Dicta leyes.
No es lo mismo hacer “Hamlet” en el Teatro Cervantes, en el sótano de una casa o en un parque.
La elección de no poner elementos, o prescindir de ellos en el escenario, es una decisión escenográfica. Una propuesta. Una estética y una ética.
A veces una de las mas difíciles de tomar.
Sabiendo que todo cuerpo ocupa un espacio, un actor accionando, ya esta determinando de alguna manera el espacio escénico.
La escenografia es eso, espacio en acción.
No trabaja en dos dimensiones como la pintura, ni en tres como en la escultura.
La escenografia utiliza una cuarta dimensión que es la del “espacio-tiempo”.
Una sola silla puede ser un bar. Un farol, el trazado de una calle. Una tarima, el Partenón. Una pila de zapatos, Auschvitz.. Una cinta celeste, el Océano Atlántico.
Las formas de representación son múltiples. Verosímiles, si logramos hacer que el espectador entre en juego. Creíbles, si el espectador acepta el código que se le presenta.
Se puede mostrar Versalles, con paredes estucadas y ricos tapizados o simplemente con un espejo. Las dos opciones son validas en la medida que respondan a una necesidad de puesta, y en tanto esta la sostenga.
Peter Brook decía que una escenografía debería ser un boceto incompleto hasta el día del estreno, tener claridad en su propuesta, pero sin rigidez. Así debería serlo. Es cierto que en determinadas producciones eso no es posible.
Si fueron bien elegidas y usadas “las palabras”, todo estará dicho. El discurso será creíble.
Todo respirará normalmente.
Como la actuación, la música, la luz, o el texto dramático, también la escenografia está sumándose a una dramaturgia. Es parte.
En el teatro siempre estamos representando. Volviendo a presentar. Jugando… y si algo es seguro es que no se puede jugar a medias. Es naturaleza del teatro poner en juego
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